miércoles, 28 de mayo de 2014

EL MIEDO Y LA IGNORANCIA. (un pequeño ensayo informal sobre nuestra vida diaria)

Comenzaré con esta interrogante: ¿Qué cosa fue la que nos arrastró a esta profunda ignorancia? A qué me refiero: A la ignorancia de nosotros mismos como especie y como individuos; esto nos lleva a la mismísima ignorancia de casi todo (casi Todo). Nacidos bajo el estigma de lo incomprensible deseamos el conocimiento. Entre la infinidad de variantes y posibilidades, este aún se esconde a nuestra vista y conste que sí contamos con una inteligencia y razón, deseamos la comprensión.
Históricamente hemos trascendido etapas de conocimiento, entre la prueba y el error. De hecho sabemos poco aún, lo que nos ha motivado a seguir descubriendo, a la buena y a la mala. Cada quién con su manera y método, digo cada quién –cada individuo- dentro de su sistema de creencias y culturas. Religión, ciencia, filosofía, hábitos, familia, etc. Cada uno brinda una descripción de lo que es el mundo, de lo que es mejor en este proceso de la práctica de la vida diaria. Todo este devenir desde que la humanidad tiene memoria.
Llegando a nuestros días, en este presente de crisis, me detendré en la ignorancia contemporánea del siglo XXI.
Vivimos un mundo que se regodea en su progreso tecnológico y económico, pero que enmudece en el aspecto social. Reconoce, sin embargo, lo que ha logrado en cuanto a comunicación humana. Ya podemos sostener una conversación en tiempo real con aquellos otros bípedos al otro lado del puto mundo. Exponiendo nuestras vidas personales en público sin que el morbo sea condenado como tal. Nuestra individualidad en manos de Facebook, Twiter, YouTube. Cada quien se hace presente para destacar en el mundo virtual de las relaciones binarias. De hecho, se dice por ahí, que ya nos está doliendo la espalda y cuello de tanto estar jorobados frente a la pantalla de una computadora (Tablet, iPhone, Celular). La humanidad así y de esta manera ha progresado.
Pero no es en esto en lo que deseo detenerme. Pese a que con criterios compartidos y experiencias grupales se podría escribir todo un tratado antropológico sobre las redes sociales y progresos materiales, a lo que voy en realidad es mi opinión sobre lo que nos sucede como personas que habitamos en este sistema, este mundo de todos los días, que tanto ignoramos.
Como muchos otros capítulos de la humanidad, nos encontramos en una encrucijada y hoy por hoy estamos al borde de la locura de la incertidumbre. Los estallidos de violencia que se han presentado últimamente ofrecen a nuestras almas una especie de pánico al futuro. Nuestro porvenir está atiborrado de guerras contra el narco; revueltas civiles aquí y allá; países en bancarrota y endeudados hasta los cojones; empresarios locos por el petróleo; enfermos de poder y tercos fundamentalistas en medio oriente obsesionados con su religión; tensiones políticas entre China, Rusia y EE.UU; Armagedónes financieros; alimentos genéticos; iluminatis, New Age, OVNIS… Por todos lados la gente abriga pocas esperanzas de que algo se pueda rescatar (o si las tienen, no son muy lógicas en general y están basadas en algún tipo de fe religiosa o espiritual). Y si uno es sensible ante estas alarmantes noticias, el suicidio colectivo suena, hasta cierto punto, lógico. Pero detrás de todo esto ¿qué se encuentra? Detrás de esta caótica cacofonía periodística y mediática ¿Quién dispuso esto? ¿Quién o qué chingados está orquestando todo y con qué fin? En nuestra ignorancia podemos fugarnos detrás de la pantalla de algún aparato electrónico, en alguna distracción programada ofrecida por algún medio difusivo de entretenimiento, en alguna que otra peda colectiva o fiesta tradicional; en lo que sea con tal de no observar lo que se gesta detrás de las cámaras de la industria de la vida. La ignorancia es la herramienta. El miedo reina tras las luces de la cotidianeidad. El sistema Miedo.
El miedo es una forma de controlar la voluntad. La mejor arma contra el cambio, desde el climático hasta político y psicológico. El miedo reina en casi todos los aspectos de nuestra existencia. Controla nuestros hábitos, nuestras decisiones, nuestras relaciones… A nivel masivo se ha infiltrado corrompiendo toda forma de gobierno, todo sistema económico y moral. El Estado del miedo. A nivel individual ha torcido nuestra inocencia, nuestra libertad deformándonos en personajes que se relacionan entre sí por medio de competencias enfermizas que tienen como objetivo aplastar al de al lado, hacerlo menos, humillarlo; o por el otro lado dejarse libremente destripar con la más baja dignidad y autoestima personal. El Ego.
Por siglos y siglos y generación tras generación las maneras de relacionarnos han ido cambiando según el modelo moral, cultural, religioso, institucional... y hoy en día el económico. El sistema transforma su atuendo según las necesidades de su propia supervivencia. Y en esta manera tan torcida y carente de honestidad que predomina en el carácter social de nuestros días, el ego ha construido modelos tan absurdos, donde el contacto fraternal es cosa de mal gusto.
Esa personalidad falsa –o ego- producto del miedo es aquella que se exhibe como “mírenme soy un puto Rock-star”, como héroe espiritual o como botarga del mainstream. Por otro lado podemos también asumir el disfraz del víctima de todo, del mírenme-que-jodido-estoy. Entre líneas, en ambos casos, obtenemos el mensaje de que necesito-y-te-ruego-un-poco-de-atención. Mírame mami qué bien lo estoy haciendo.
Permítaseme aquí ser un poco optimista. No todo recae sobre nosotros. Hemos sido sobrevivientes a las generaciones de padres y abuelos detrás nuestro. Hemos experimentado toda clase de abusos físicos y psicológicos por parte de esos ignorantes, que como nosotros, también tenían miedo. Hoy, si haces un pequeño censo, te darás cuenta de que casi todas tus amistades y familiares provienen de padres divorciados, madres solteras, familias disfuncionales, etc. Y si quedan algunos matrimonios vivos en santa unión, cuestiónate si siguen juntos ya sea por pura costumbre tradicional y tedio o ya sea por amor verdadero e incondicional.
Sobrevivimos a padres ausentes física o emocionalmente. Padres Alcohólicos/Neuróticos/Tercos/Obsesivos/Compulsivos/Ególatras que no se detenían a vincular sus sentimientos con los nuestros. Discapacitados a demostrar afecto, mucho menos amor. En su ignorancia paternal, deformaron nuestro carácter hasta hacernos seres cerrados y miedosos, a la defensiva; seres resentidos y sin dirección dispuestos a cortar con navaja mortal a todo aquel que intente hacer intimidad genuina, a hacernos mostrar nuestro verdadero ser ante otros, demostrar ternura o cariño. En su ignorancia y miedo creían que esto era lo mejor para nosotros. En su ignorancia (y arrogancia) creían que sabían. Y tal vez sí nos amaban.
A ellos, a su vez, les tocó ser víctimas de sus padres. Aquella generación de nuestros abuelos que nosotros, de haber sido criados por ellos, tal vez habría sido una verdadera tortura. Abuelos por lo general ultrareligiosos, intransigentes y locos por las costumbres. Pues qué otra cosa iban a aprender nuestros padres. Su conocimiento era este.
El nuestro es el arriba mencionado.
Pero aun así, no sé a ciencia cierta si esto sea el distintivo de nuestra generación. Definitivamente vivimos una época en que queremos ser notados por los demás. La fama y reconocimiento pueden ser alcanzables por medio de las redes y así lograr ese anhelado instinto inconsciente de la atención. Ahora sí mi mami me está mirando.
Mas el miedo no desaparece.
Por otro lado, intrínsecamente está el hecho de mantener las apariencias (y esto incluye a todas las generaciones anteriores). La pubertad y adolescencia es ese parte aguas definitivo. Para quienes teníamos esa personalidad atractiva (Física o por puro carisma) siendo, por lo general, superficiales como es distintivo en esta etapa del crecimiento, tal vez fue muy difícil (titánico) mantener nuestra imagen de popularidad, siempre simulando para mantenernos aceptados y admirados por los demás. O si fuimos de esos que no tenían los dotes ya mencionados, los esfuerzos por lograr la aceptación de los exitosos eran también monumentales y muchas veces nos dejábamos humillar brutal y sádicamente (el hoy renombrado Bulling). Y si no recuerdas que tus energías se desgastaban en estos conceptos absurdos, es porque tal vez ya está dentro de tus hábitos el simular para atraer atención. El miedo al rechazo sigue vigente.
Y en este aspecto, como especie social que somos, puede tener sentido el pánico a no ser atendidos. La mente se niega por naturaleza al aislamiento social y lo traduce como locura. Por pura supervivencia. Pero el concepto torcido estriba en la ignorancia y la falta de vínculo con nosotros mismos por mantenernos fieles a nuestro amor propio, y por el contrario, ser fieles a esa gente que, en realidad y en un sentido último, no nos importa más que la buena opinión que digan tener de nosotros –aunque no sea honesta- por pura vanidad, aún en la vida adulta. Por miedo a perder. ¿Perder qué?
La humanidad así y de esta manera ha progresado.
Nuestra voluntad a merced del viento. Nuestra voluntad guiada hacia las más nihilistas supersticiones de éxito o de fracaso. Nuestra voluntad negándolo todo para no temer nada. Nuestra voluntad de rodillas ante el miedo.
Todo este desperdicio existencial por ser demasiado ignorantes y no observar lo que verdaderamente ocurre a nuestro alrededor: tropezamos una y otra vez. No somos conscientes del tránsito de nuestros pensamientos. Estamos tan distraídos que se nos pasa el mundo encima y sentimos esa crónica sensación sofocante que hemos llamado estrés.
Grandes mentes se quemaron el cerebro –con gusto espiritual y hasta religioso- por desentrañar los misterios profundos de la vida. Admirables personajes históricos trataron de llegar a ese conocimiento que permea el Todo sutil de la existencia, de la esencia, de la sustancia. Pero fueron tan pocos en número, que su impacto intelectual no llegó a tocar, ni un poco, la motivación de las masas supersticiosas por el amor al conocimiento.
En este momento toneladas de obras de literatura narrativa, de poesía, filosofía, arte, ciencias, etc. reposan ignoradas en los racks de las bibliotecas y librerías de cualquier lugar. El conocimiento yace abandonado y empolvado y aun son muy pocos los interesados. No te sientas culpable. Que no te de pena esta lamentable situación.
Este sistema ha sido consciente de las debilidades humanas y ha usado la herramienta del miedo en nuestra contra -obvio nunca a favor-. Desde los niveles más altos de los sectores financieros y de la burocracia política, hasta en las viviendas más perdidas de la periferia de las grandes ciudades.
Me imagino a aquellos grandes banqueros y/o políticos llenos de pánico y paranoia ante cualquier amenaza en contra de su estilo de vida, rodeados de guardaespaldas o de cuerpos de seguridad pública, esclavos de su propio triunfo material. Insaciables ególatras que no se sentirán satisfechos con lo ya obtenido. El juego del monopoly a gran escala. Seres sin ninguna clase de ética que arrasan con todo y no dejan nada para nadie. Con el miedo en la garganta ante la traición y la pérdida del poder.
También imagino a los pobladores de los sectores marginales, viviendo al día para mantener el pan en la boca sólo por hoy, porque mañana quién chingados sabe. Esclavos/trabajadores que mantienen la salud al límite para no perder el empleo, porque el sistema los tiene tan agarrados de los cojones que cualquier falta laboral significa “hoy no tragas tú ni tu familia güey”. Seres ya sin esperanza y con el ánimo entumecido que no sienten pasión por nada más que no sea lo que les ofrece la televisión. Refugiados en las telenovelas y la virgen de Gudalupe, el fútbol y los programas de concursos donde se fantasean ganadores de una puta licuadora Black and Decker; en los momentos que pueden estar juntos en familia para bendecir los sagrados alimentos, los invierten en ser espectadores de shows asquerosos donde el morbo es el plato fuerte y el instinto más bajo el postre familiar. Esposas que desean el único lujo material que se pueden permitir: otro tinte para cabello rubio. Viviendo ese estigma colonial de la supremacía social de la raza blanca y tratando torpemente de encajar en este estereotipo vencedor de hace cuatro siglos, reforzado por lo que regala, bajo imágenes grotescas, de nuevo, la televisión. En la transmisión de la señal abierta descansa el sueño de la clase obrera.
También imagino a esa clase media en peligro extinción. Temerosos de no perder los pequeños privilegios de los que son poseedores y de enlistarse en las gruesas filas del sector obrero. Jactándose de esa cuestionable intelectualidad, siendo ciegos ante el sufrimiento predominante de los marginados. Gerentes de tienda endeudados. Empleados de oficina que presumen de éxito genuino el matarse administrando papelería absurda, bajo el techo de un edificio ultramoderno que casi sienten –con orgullo- suyo. Soñadores que anhelan y envidian las posesiones de las clases burguesas.
Estilos de vida antinaturales. Formas de existencias carentes de sentido profundo. Ratas acorraladas que se siguen multiplicando. Así vivimos el mundo contemporáneo. Como esclavos de nuestro miedo. Y el miedo habita en la gran mente de la humanidad. El progreso no ha tenido otro autor más que este miedo. Las ilusiones de la mente han sido prefabricadas por este gran opresor, esta autoridad inmaterial. Y seguiremos perpetuando su reino si seguimos adorando nuestra propia ignorancia. Todo estará puesto para que no la observemos, no la cuestionemos. El miedo inventará herramientas más complejas o diferentes para que nuestra ignorancia siga intacta, cómodos en ella. Todo finamente construido para que no pase nada. No te des cuenta que eres un esclavo que se cree libre y feliz.

1 comentario:

  1. te malviajas como si esto fuera único. ¿Lo es? No busques historia que alguien te dirá que estás mal. Es al revés, en mi parecer. Es la cosa que no es eso, ni esto, ni aquello. Escucha esto: Yo no soy tú, ni tú ers yo, déjame respirar

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