Nadie la amamanta, pero la lloran como un bebé que nació
muerto. Un sinfín de tratados acolchan su camita, por sonajas y chupones
tiene loas y citas a granel; todos le hablan lisonjeras palabrejas y si llora
le hacen cosquillas; le tejieron una cobija de promesas fugaces: serás la vita nuova antes de la vita nuova. Antes de
todo. Juraron y perjuraron que lucharían por él como si se tratase de algo
precioso. Lo mecen a ratos y si no se está le dan sus barbitúricos o su ritalín
o su te de ajenjo. Lo que quiera el chamaco. En su bautismo estuvieron reunidos
todos los padrinos y los orgullosos abuelos, de los padres nada se supo y
fueron invitados hasta sus bisnietos no natos. ¡Qué farsa!
¿Qué es entonces, qué no es? Cuál fue su época. Ésta, seguro
que no, por mi vida que no. La vieron gatear por las pestilentes calles de
Roma, cuando el sol doraba sus blancas canteras y algunos entogados creyeron
fundarla. Los dioses mismos de los lobeznos la acogieron con entusiasmo e
intentaron instrumentarla, pero no iba con su estilo: los dioses no tienen
padre ni tienen futuro, cómo pedirles tanto. Ya tiene nombre este vástago de
las reflexiones pero no se anima a andar. ¡Qué burla! Cómo va andar si nadie lo
cuida. Si nadie lo mima. Lo han dejado solo. Lo trajeron al mundo y lo dejaron
morir de hambre, nadie les dijo que si el niño no hablaba era porque no había
sido amado.
Pero existe. Es. En una forma compleja y desconcertante;
toquémosla y regocijémonos de no poder tocarla, gocémonos con su aroma a libro
viejo y unámonos en una orgía de lamentos, y ante su ausencia bastémonos con
las manchas de su rostro en la tela. Sólo existe en antagonismo de algo más. Es
como la partícula indivisible o el fin último de la existencia que se aparecen
en mi necio sueño: corro para alcanzarla pero nunca llega, ¡un clásico! Y le
grito ‘te necesito’. Todos hemos soñado con esto. La unificación humana, la vuelta
del nómada, las estepas interminables, las ciudades cubiertas de cal, los
bosques, los ríos. Hasta que un hijo de puta nos despierta.
En la mesa del banquete nos espera un menú deliciosamente
alienante, repleto de palabritas rimbombantes y hip hop experimental: metametodología
para el entrenamiento de la mente universal. Curación chácrica, energética,
simbólica, patafisicoparipatética, logoterapéutica, holísticoespiralidósica,
maslówdica y espiritual. Perdona a tu clan, a Eva y Adán y a la cabrona de
Lilith. “Déjate de historias y plantéate la experienciación
de cada segundo con una visión, misión, objetivos a corto, mediano, tres
cuartos, largo, sempiterno, cabalístico, y reencarnatorio plazos”. Lo que hay
que ver… Sólo son palabrillas. Puedo sentir cómo nos animan esos farsantes.
Puedo verlos a todos sonreír y sentirse orgullosos de sus pupilos: uno me
arrebata su mejor película y me susurra al oído que corte un pedazo de mi
corbata a las 3 de la tarde, la moje en miel de pájaro dodo y se lo entregue a
mi padre. Ya me atrapó, confío en su sabiduría y me entrego totalmente;
confisca mi cartera mientras me sonríe.
Todos están dopados, alegres, optimistas. Todos armonizan en
una polifonía magistral. Ya nadie desentona. Han encontrado su lugar en mundo.
Yo me acuerdo del pequeño, lo escucho llorar en su habitación, busco mi cartera
para comprarle su fórmula. ¿Quién cuida de él? Todos lo abandonaron. Ya casi no
recuerdo su nombre y a punto de perder la cordura un viejo poeta del banquete
pregunta: “¿Y dónde queda la ética?”. Me acuerdo entonces de su nombre.