Es un hecho que sus ojos nunca cambiaron. Parecían haberse
cargado de lluvia como las nubes del aguacero. La oscuridad entre los párpados
y las ojeras se había acentuado, al igual que las sombras de un reloj de sol.
Cuando la vi por última vez eran las doce del día en sus ojos, ahora parecía
avenirse la tarde noche en ellos. La muerte estaba instalada en esos cuencos, no sé
por qué lo intuía; la muerte o el hartazgo. La ira se había ido, la
desesperación, la búsqueda infructuosa, tan sólo quedaba esa manera de impostar
la retina de los estadistas, la mirada que se obtendría de tener que sentarse
sobre una montaña de mierda y contemplar el mundo desde esa perspectiva. “De
aquellos mares, aquestos lodos”. No, no, los ojos eran los mismos. Además,
estás cambiando la frase. Los ojos tenían el mismo vidrio de entonces. Al menos
eso me concedió. No estoy aquí, estoy en los tiempos de la furia, de los
celos, de las bajezas, de los miedos y ella me mira fijamente. Antes olía como a
pera, ahora huele a Channel No. 5. “La idealización es un proceso que envuelve
al objeto; sin variar de naturaleza, éste es engrandecido y realzado
psíquicamente”. Cállate cerebro o te apuñalo con un hisopo.
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