Hace unos meses, casi un año, me encontraba en una fiesta de esas donde la gente popular es invitada, donde todos lucen sus mejores comentarios, sus mejores críticas, sus ropas de moda –o anti-moda-. Yo me encontraba ahí porque había cerveza gratis y un amigo de mi novia me había invitado. Me mantuve con la boca cerrada la mayor parte del tiempo, del corto tiempo que estuve en dicha reunión. Sólo la abrí para conversar con dos o tres conocidos que ahí estaban y que de paso me vieron. No destacó nada valioso de esa fiesta, nada que valiera la pena salvo una plática breve con una jovencita estrafalaria llena de piercings y tatuajes que se me puso enfrente. Yo apenas la conocía y nos saludamos. Después de intercambiar palabras huecas de esas que son puro formalismo, la charla se torció hacia la manera en que vemos a la gente, hacia cómo la juzgamos. Y comenzó porque yo le comentaba que acababa de escribir un ensayo sobre lo mentirosos que somos los humanos. Creía que ella podría estar de acuerdo y que la opinión encajaba perfecto precisamente por el contexto social en que nos encontrábamos esa noche: rostros frívolos, telas desgarradas, miradas indiferentes, ademanes artificiales, joyas basura, mala música, danzas funk robóticas… A pesar de que la conocía poco, me atreví a decirle que me costaba trabajo socializar, que por lo general hallo a las personas como seres falsos que reúnen en principio todo lo que creo desagradable, hasta que demuestren lo contrario. Mientras hablaba y transmitía mi parecer social, mi mente pedía silencio, pensaba que estaba abriendo un archivo íntimo con alguien a quien no le tenía ninguna clase de confianza. No logré callarme. Vomité tal cual toda mi opinión al respecto. De hecho no hubo un momento para reflexionar sobre lo dicho y haberme largado de ahí en ese instante. Más bien, esperé su respuesta.
-pues no sé, yo los amo a todos. Hay que amarlos aunque no los conozcamos.
-Puta, creo que eso está bien cabrón. Creo que es una de las cosas más difíciles de lograr.
-Puede parecer difícil, pero no lo es, no tanto. Yo hago meditación en las mañanas. Hay que amarlos a todos por igual. Estamos rodeados de amor nene, es cosa de verlo. Checa como se la están pasando todos: poca-madre, porque hay amor. Love is in the air- Esto último lo agregó con un movimiento rítmico con sus brazos al aire y ladeando la cabeza hacia los lados.
-Pues enséñame a verlo porque yo aquí veo un teatro lleno de actores culeros que sólo quieren competir entre sí. ¿Qué edad tienes?
-21
-Chido. A tu edad y haber logado amarlos a todos es El logro. Al menos uno de Esos logros de la existencia ¿no crees?
-Pues si ¿Voy por otra chela, no quieres una baby?
-No gracias, ya casi me voy. Pero, en serio ¿me vas a enseñar a amarlos a todos?
No respondió o tal vez no escuchó. La vi alejarse de espaldas dirigiéndose a otro sitio que no era la barra de bebidas. Se fue a sentarse junto a un tipo arrogantísimo al que la gente de aquí llama Nube (García). Me levanté, fui a la barra, pedí una Negra Modelo sin pagar un centavo por ella, la tomé sin prisas mientras veía a la jovencita estrafalaria bailar, la terminé y sin avisarle a nadie, me largué.
Personezzz.
ResponderEliminarEl Logro. Tan Moderna, esa señorita con sus Pierneces.
ResponderEliminarHabrá que buscar el palito y tocarlo como Gonbrowicz: El Logro.