miércoles, 16 de julio de 2014

Un viejo despreciable



Permítame, señorita, decirle que es usted una perfecta estúpida. Ay, pero es que esos chicos sí son bien buena onda, y no son nada pasados. Siempre nos invitan todos los tragos y son bien buena gente. Señorita, usted será imbécil o, quizás, y disculpe la observación, usted es muy joven para darse cuenta de que esos desgraciados no buscan otra cosa más que deshonrarla y gozar con ello. Ay como crees, estás exagerando, tontín.
Jala más un par de tetas que dos carretas. Dos carretas, tanto el hombre como la mujer, y más bien los arrastra, y aún jalan más.  
Los jóvenes en este país de mierda no pueden tener relaciones sexuales si no se asemejan a una violación premeditada.
¿Y tú qué vas a hacer? Yo, señorita, me voy a dormir a mi casa, sólo y muy poco satisfecho, pero sólo al menos. ¿Usted? Ay, pues es que… ese chico es bien buena gente conmigo, y también sus amigos, eh. ¡Vente con nosotros!
Cuando salía del bar escuché que uno de los malandrines le preguntaba, ¿y ese viejo qué?... ¡Me lo puteo!

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