viernes, 14 de noviembre de 2014

El patriotismo de la clase política



El patriotismo de la militancia política es tan parecido al sentimiento de los conquistadores de América. Hacemos nuestra chingada gana en nombre de la cruz y la santa inquisición. Desaparezcan a los indígenas, violen a las mujeres, asesínenlas después, que no se mezcle nuestra sangre y enseñemos a nuestros hijos que somos los escogidos para mandar en esta tierra.  Hagámonos tan ricos como podamos, pasando por encima de todo lo que tiene verdadero valor; cultura, arte, ritos y fiestas. En busca del poder por el poder. Desde los que recogen las migajas dentro de esos partidos políticos hasta los que se empoderan de puestos públicos, como si representaran al Dios del partido y la santa ley. Intocables. Cultivando el desprecio y el ninguneo.  Con la más profunda inmoralidad, sin ningún respeto por el humano, el hermano o cualquier tipo de parentesco. Citando a Da Jandra “Como están las cosas es claro que los partidos políticos son los mayores enemigos de la democracia” Y el rio de sangre que nace en el manantial del modelo neoliberal alimentado del más voraz consumismo, teñido del rojo de la sangre del mexicano indígena arrinconado, de mujeres ultrajadas. Capaces de la más cruel tortura, rememorando los cientos de miles de sacrificios aztecas, los cientos de miles de asesinatos cometidos por la espada conquistadora, los cientos de miles de muertos a favor de una independencia burguesa, los cientos de miles de muertos por la guerra de reforma que trae a un indígena al poder, el cual olvida sus raíces. Los cientos de miles de muertos por una revolución que acentúa la deslealtad de los grandes involucrados en busca del poder. Y esos cientos de miles de muertos, siempre la gran mayoría indígenas. Y la espiral kármica continúa. “El poder: es la gran prostituta que todos desean y que nadie respeta”

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