Observó al otro lado de la habitación una mujer que le llamó
la atención. En el lugar se llevaba acabo algún tipo de ritual
pseudo-intelectual entre un grupo de singulares personas, ella era una de
ellos.Parte del ritual consistía en escuchar a una persona exponer algún tema que dominara
Tras escuchar una breve ponencia acerca de algún tipo de síndrome mental, que no tendría ningún uso práctico en su vida, dio un trago a
su cerveza, intentando conectar la borrachera del día anterior. Se descubrió
mirando a la mujer al otro lado del cuarto. Ok, pensó -es el tipo de Ok
impulsado por la mezcla de la cruda, la cerveza recién ingerida, la adrenalina
y la hormona desatada gracias a la mujer-.
El grupo se dispersó terminando el –no tan práctico-
monólogo. Era momento de hacer uno que otro movimiento. Movimientos que lo llevaran,
al menos a un paso de ella. Fue fácil. Las cinco seis personas que quedaron en
aquel cuarto, pronto entablaron una plática en común. Una de esas charlas donde
todos tienen algo que decir, pero nadie dice nada con sustancia, con fondo, una
plática banal. El tipo de comunicación que llevaremos tal vez el 90% de nuestra
vida.
El baile, el vino, la música y Dionisos tomaron control de
las personas presentes. Él se vio bailando con ella, descalzos. Agitándose,
moviendo el cuerpo, bebiendo vino, mirándose a los ojos. Sintiendo el cuerpo de
ella cerca del suyo. El sudor desprendió sus aromas dionisiacos. Ella ya bailaba
pegado a él. Pronto terminarían en una gran orgía, pensó.
A diferencia de su fantasía, el grupo se comportó dentro de
los parámetros socialmente aceptable, para una fiesta con alcohol y gente pseudo-intelectual
conociéndose. El cuarto era pequeño y sin el suficiente oxigeno cayeron
dormidos. Él abrazó a ella toda la
noche, la mantuvo pegada a su cuerpo, no hizo caso a la erección, ni a sus
instintos. Dionisos aburrido desapareció entre los prejuicios de aquel grupo
adormilado.
Floja la narración. Parecía que iba a decir algo, y luego se escondió en la misma narrración.
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