Y le dije
que no me importaba realmente, pero me importaba soportablemente, incluso
sexualmente —pero eso nadie lo entiende, menos un pendejín de 14 años—. ¿Entiendes
lo que te digo, niño, le pregunté, entiendes lo que te digo, idiota? ¡Deja de
verme así. Deja de verme así, imbécil!
Él, a pesar
de mi sugerencia, voltea y me mira a los ojos. Me dice que no lo maltrate. Me
dijo que fuera cariñoso con él. Me dijo que me amaba, que ninguna mujer se me
comparaba.
Lo amarré al
sillón. Usé las bandas que mi carnal
guarda en la pequeña cabina de su pick-up ranger japonesa. Igual que el hombre ganso de Von Trier.
Lo violé
con mi brazo… Él lo esperaba en el
terror.
Le pregunté
si le gustaba. Él dijo que sí.
así es: sexualidad pura y dura
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