jueves, 19 de junio de 2014

“Para el hombre será Sodoma. Y la mujer tendrá Gomorra” (Proust, 1978, p. 9)


Y le dije que no me importaba realmente, pero me importaba soportablemente, incluso sexualmente —pero eso nadie lo entiende, menos un pendejín de 14 años—. ¿Entiendes lo que te digo, niño, le pregunté, entiendes lo que te digo, idiota? ¡Deja de verme así. Deja de verme así, imbécil!
Él, a pesar de mi sugerencia, voltea y me mira a los ojos. Me dice que no lo maltrate. Me dijo que fuera cariñoso con él. Me dijo que me amaba, que ninguna mujer se me comparaba.
Lo amarré al sillón. Usé  las bandas que mi carnal guarda en la pequeña cabina de su pick-up ranger japonesa. Igual que el hombre ganso de Von Trier.
Lo violé con mi brazo…  Él lo esperaba en el terror.
Le pregunté si le gustaba. Él dijo que sí.   

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